Cuando era «más niña» me parecía mucho a Heidi. Seguro que te acuerdas, la serie de dibujos animados basada en la novela de Johana Spyri.
La historia narra las aventuras de una niña huérfana a la que su tía deja con su abuelo en lo alto de una montaña en plenos Alpes suizos.
¡Vaya vida la de Heidi!. Se pasaba todo el capítulo corriendo por el prado, revolcándose en la hierba y jugando con «Niebla», las cabras y su cabrero: Pedro.

Niebla, que era un San Bernardo muy «achuchable», no tenía un guión muy difícil. De treinta minutos que duraba el capítulo, veinticinco estaba durmiendo.
Las cabras las habían contratado en el «Circo del sol» porque daban unos saltos que ni Michael Jordan en un «castillo hinchable».
Y con ellas llegaba Pedro, el cabrero vivaracho al que le cabía un bocadillo de jamón entre sus dos dientes delanteros.
No he hablado todavía del abuelo. Era el único de la serie, exceptuando la Srta Rottenmeier, que no se divertía ni un pelo. Pero Heidi lo adoraba.
Lo que más me gustaba era su dieta variada. Pan casero, queso de cabra, y todo ello regado con la leche recién ordeñada de sus cabritas. El abuelo no se complicaba mucho con el menú.
La vida de Heidi transcurre feliz hasta que su tía, «una mala pécora», se la lleva a Frankfurt.
Allí, conoce a Clara, una niña que va de víctima y mosquita muerta haciéndose pasar por paralítica para sorprendernos a todos al final y asistir al «Milagro de la Resurrección», cuando, gracias a Pedro, Heidi y su abuelo, se levanta de la silla, y como si de «Lázaro» se tratase, comienza a andar.
Les acompaña la Srta Rottenmeier, que es la institutriz de Clara y una amargada de la vida. Aparenta más joven de lo que es porque lleva un moño tan apretado que le estira las arrugas.
Bueno, la historia tiene mucho que contar, pero no te la voy a destripar para que la veas con tus hijos.

La verdad es que la programación infantil de mi época era muy bonita e inocente.
Crecimos con Espinete, un puercoespín rosa que salía desnudo a la calle y se ponía un pijama de invierno para irse a la cama.
En el mismo programa conocimos a la Rana Gustavo, Coco, Triki, Epi y Blas, el Conde Draco….. con los que aprendimos muchas cosas. ¡Claro! Que no tantas como con «El libro gordo de Petete«.

También disfrutamos con dibujos como Mazinger Z . Seguro que recuerdas la mítica frase de Afrodita : «¡Pechos fuera!». Pues bien, acabo de enterarme, por un artículo de ABC, que esta frase nunca se dijo en la serie. En su lugar oímos: «¡Puños fuera!» y «¡Pecho de fuego!».

¿Cómo puede ser que toda una generación escuchase lo mismo sin ser verdad? Este es un misterio digno del mismísimo Iker Jiménez.
Bueno, el caso es que lo disfrutamos un montón, sobre todo mi hermano, que se quedaba embobado frente a la tele engullendo su merienda mientras yo me subía una y otra vez encima de él para llamar su atención.
Y es que yo era más de Candi Candi. Un dramón protagonizado por una rubia de coletas de un kilo cada una y ojos redondos que le llegaban a la barbilla.
Me acuerdo también de La abeja Maya, El osito Misha, Willi Fog, Don Quijote, y de todas las canciones que nos acabábamos por aprender de memoria.
¡Ah!, ¡Me olvidaba de Los Picapiedra, El oso Yogui, El correcaminos, Pixie y Dixie, La Pantera rosa, El inspector Clouseau, y mis queridos cortos de Disney!.

¡Ay! ¡Cuántas horas de diversión! Me acuerdo que cuando acababa un capítulo decíamos: ¡Más! ¡Más!……. ¡Bien! ¡Otro!………………….. y cuando se acababan: ¡Oooooooooh!
Pero, sin duda, si hay una serie que cautivó a toda una generación fue Verano Azul.

Rodada en el pueblo de Nerja (Málaga), narrába la historia de un grupo de chavales que habían ido a pasar las vacaciones con sus padres y que formaban pandilla capitaneados por un viejo marinero, «Chanquete», que vivía en «La Dorada», (un barco en medio del campo), y Julia, pintora con un trágico pasado, que estaba en el pueblo de turista como parte de su terapia.
¡Qué tardes tan divertidas de verano disfrutando con las ocurrencias de Tito, Piraña, Pancho, Javi, Quique, Bea y Desi!
Hace unos años me compré la serie, menos el capítulo en el que muere «Chanquete», (que fue un shock nacional). La disfruté como cuando era «más niña».
También he visitado el pueblo, Nerja, donde hay un fuerte movimiento turista movido por la fama que le dio la serie.

Allí todavía puedes encontrar el Barco de Chanquete, habilitado como museo y ubicado en un parque. Y hasta una agencia de viajes llamada «Verano azul» y dirigida por uno de sus más famosos protagonistas: Tito, que es del propio pueblo.
Te recomiendo que lo visites porque será como viajar a tu infancia. Además de tener ocasión de admirar un pueblo precioso, dónde pasar unas vacaciones inolvidables disfrutando de sus playas y su gastronomía. ¡Sin olvidarse de sus espectaculares cuevas!

Y también te propongo algo:
Si tienes tiempo estas vacaciones, investiga y recupera esas series que tanto te gustaban de pequeño. Seguro que rejuvenecerás, por lo menos, 20 años.





Bendita infancia ,
Vivir sin preocupaciones ni responsabilidades 👏👏👏👏👏👏
Podías comer de todo sin engordar.
Y esos dibujos animados y series infantiles tan estupendas, que contabas los días que faltaban para que llegara el gran día y poder disfrutar de nuestro momento de gloria.
Ahora los peques tienen mucha, pero que mucha suerte, pudiendo disfrutar de dibujos todos los días y a la hora que quieran . Eso sí, no se volverán a hacer programas como aquéllos, ni la ilusión con que lo vivíamos nosotros.
Eran tiempos muy entrañables. 😍😍😍