Hoy siento nostalgia de nuevo.
En verano me siento embotada y sin energía. El calor me supera.
Si tuviera poderes sobrenaturales crearía un mundo con dos únicas estaciones : otoño e invierno. Para mi, cuando pasa Agosto empiezo a recuperar la ilusión de vivir.
No Sé si lo he dicho ya, pero soy muy dada a sentir nostalgia, a recordar los tiempos de mi tierna infancia, y en estos días en los que el termómetro se ha emocionado, me he acordado mucho de los veranos en los que era «más niña».
Cuando veo a los niños de hoy jugar, pienso en cuánto ha cambiado todo.
Antes estábamos deseando que acabase el curso para irnos de vacaciones, bueno, esto no ha cambiado nada.
Como a mi siempre me ha gustado leer y escribir, me compraba mi cuaderno de vacaciones y, a veces, lo terminaba en la primera semana.
Después de comer siempre se dormía la siesta y, naturalmente, yo, ni tenía sueño, ni quería dormir. Esperaba que pasaran las horas hasta que empezase en la tele la programación infantil. ¡Qué nostalgia!
Sí, mis queridos niños que ahora os aburris tan fácilmente. Cuando yo era niña la programación empezaba por la tarde y sólo había dos canales. Todo lo que ponían me parecía genial. Total, no había otra. Y no teníamos móviles, ni ordenadores, ni tablets con las que entretenernos. Sólo muñecas, libros y nuestra imaginación.
Cuando llegaba la hora nos plantábamos delante de la pantalla para ver nuestras series favoritas mientras nos tomábamos nuestro Cola Cao fresquito con sus grumitos, como dice el anuncio. A veces lo acompañábamos de un bocadillo y otras de algún dulce como galletas o magdalenas ,que desaparecieron para dar paso a los «cupcakes».
Y todo lo mirábamos con esa inocencia natural de los niños, que cada vez se va perdiendo a edades más tempranas en el presente. Por eso muchos de nosotros todavía sentimos nostalgia.
Algunos días quedábamos con nuestros amiguitos del barrio en alguna «bocacalle» sin salida, donde jugábamos al escondite, a la pelota, o, si eras niña, a ese juego extraño en el que dos sujetaban un elástico y una tercera hacía coreografías liándose la goma en las piernas al son de alguna cancioncilla infantil…… «Eran otros tiempos».

Jugábamos y nos divertíamos de lo lindo hasta que teníamos que regresar a casa. Seguro que más de uno recuerda la frase «- ¡Vuelve antes de que oscurezca!».
Después, nos esperaba una maravillosa cena que nos había preparado nuestra madre y antes de dormir, veíamos otro ratito la tele.
Todo era perfecto hasta que empezaba la película y en la parte de arriba a la derecha de la pantalla aparecían dos rombos y entonces escuchabas: «- ¡A la cama!

Ahí no había discusión, y yo me cogía un cuento y me iba a la cama a leer.
«La vida era fácil para los niños de antes»….
Mas tarde escuchabas otra frase: «¡Apaga la luz que van a entrar los mosquitos!».
Como dije en la anterior entrada, «¡Qué tiempos aquellos!» ¡Cómo no vamos a sentir nostalgia!.
Después llegaba el domingo y con él «¡LA PLAYAAA!!» ¡Eso si que era una diversión!
Nos metíamos en ese coche, sin aire acondicionado y sin cinturones de seguridad, y nos íbamos tempranito a refrescarnos un poco.
Cuando llegábamos, esperábamos impacientes a que nos inflaran el flotador y nos metíamos en el agua hasta que parecíamos pasas de Corinto. A mi siempre me parecía que el agua estaba buenísima aunque estuviera helada. Hoy en día no me meto a no ser que esté a la temperatura ideal para cocer garbanzos.
También me encantaba jugar en la arena, me hice experta en hacer ballenas con su sonrisa y todo.

¡Y llegaba la hora de la comida!, yo tenía un sensor muy sofisticado en los pies por el que nada más pisar la arena me entraba hambre. Y nos poníamos a comer en nuestra mesita la famosa tortilla de patata, los filetes empanados y la sandía fresquita, que habíamos traído en la nevera portátil.
Pero después venía la parte negativa: «la digestión». Tenías que esperar, por lo menos ,dos horas y media para volver a bañarte. ¡Qué desesperación!, a mi se me hacía tan larga como la del monstruo del «Retorno del Jedi», el poderoso Sarlacc, que duraba más de mil años. Si tenía hijos, los compadezco cuando fueran a la playa, – Mami, ¿puedo bañarme ya?, – No hijo, todavía te faltan 659 años para hacer la digestión.
En fin, yo aprovechaba de nuevo para leer mi cuento, o, cuando todavía no sabía leer, se lo pedía a mi madre. A veces me decía que me lo leía más tarde, y yo, que seguramente llevaba la vena del teatro desde pequeña, soltaba una frase del estilo: «¡qué pena no saber leer!» con voz de protagonista de una serie dramática que mira al infinito con ojos vidriosos, y ¡claro!, ¡no se podía resistir!.
Más tarde, cuando ya por fin nos podíamos meter en el agua, me entraba de nuevo ganas de merendar, así que me pasaba gran parte del día comiendo….. es lo que tiene la playa.

Y llegaba la fatídica hora de volver.
-¡Anda, un ratito más!, ¡con lo buena que está el agua!, es lo que decía yo mientras tiritaba de frío.
Y tocaba secarte, para no llevar por el camino la ropa mojada, y recogerlo todo.
Para finalizar, tenías que pasarte bastante tiempo en la caravana que se formaba en la carretera porque todo el mundo volvía al mismo tiempo.
Yo pasaba todo el camino admirando los chalets que veía a mi paso e imaginando historias que no había ni por donde cogerlas.
Y así eran nuestros veranos, largos y calurosos. Y yo a mitad de Agosto ya estaba ansiosa porque empezara de nuevo el colegio. Me gustaba mucho el otoño y que comenzara de nuevo mi rutina.

Me dirás que tampoco es una gran historia, pero a mi, como a la monja del chiste, me gusta recordarlo y siento nostalgia.


Ufff! Eres única para llevarnos a aquellos maravillosos años donde todo era mucho más fácil, donde la imaginación era muchas veces el arma más poderosa para no aburrirnos… En la actualidad hemos creados pequeños monstruos tecnológicos que prefieren estar delante de una pantalla antes que jugando, y me pregunto: ¿De quién ha sido la culpa de que nuestros peques acaben así? … Quizás esto daría para otro post…
¡Gracias Roser! ¡Es verdad! La vida antes era mucho más fácil, o, por lo menos, sencilla.
¡Muy interesante tu reflexión! ¡Pensaré sobre ello! 😉
Rosa, te animo a que sigas escribiendo. Es la historia de una generación. Yo me siento identificada con casi todo, salvo algunas cosas que en mi infancia fueron diferentes a las de la mayoría de los niños. Eres capaz de adivinar que hacía yo mientras tú leías? Si lo adivinas te debo un helado
¡Gracias Silvia! A ver…… ¿Tocar la flauta?….. ¿Correr por el campo?…… ¡quiero mi helado!!!!
Templado sigue intentando
¿Coser?…. ¿Dibujar?….¿Plantar hortalizas?….. ¿Recolectar moras?……. ¿Hacer pasteles?
Muy bueno lo de la digestión de 1.000 años 😂😂😂😂😂
La verdad es que se hacía eterna.
Y qué decir de las palas de playa y esa frase de madre : “cómo le des a alguien, prepárate ……”
Cuando había sándwich de nocilla para merendar, era lo máximo.
¡MMMMMM! ¡Sandwich de nocilla! ¡Tú sí que sabes!