Admitámoslo, la cuarentena ha hecho mucho daño a la línea. No la de la Concepción, sino a la línea curva de nuestros «cuerpos serranos».
Hemos pasado de ser «jamón 5 Jotas», a «fiambre de marca blanca».
Que siiii, que no hay que echarle la culpa a la cuarenteeena, que somos nosotros los que tenemos que controlaaaarnos…… ¡PERO A MÍ SE ME HA HECHO MUY DIFÍCIL!!
El «Estado de alarma» comenzó a mediados de Marzo. Todavía hacía un poco de fresquito, y el cuerpo te pedía sofá, peli y palomitas.

Bueno, quien dice palomitas, dice galletas, bizcochos, chocolate… Y yo, frente a todas estas cosas, me transformo en la versión perversa de Triki.

Tu mente se justifica diciéndote: -«¡Un día es un día! y ¡mañana empiezas a hacer ejercicio!.
Todavía no has terminado de escuchar la frase en tu mente, y ya sabes que al día siguiente el único ejercicio que vas a hacer es el de «correr las cortinas» (como decía Leo harlem).
El caso es que, según las estadísticas, hemos engordado de «media» entre 1 y 4 kilos. Yo, más bien, he engordado de «leotardo tupido» porque con alguna ropa me siento como una morcilla de Burgos.
Hace unos días me consolé un poco. Bajé por primera vez a la piscina, con un poco de reparo por si se me notaban los kilitos de más. Y me encontré con gente que estaba bastante más gorda que yo. Así que «Mal de muchos……»
Pero, en realidad, lo único que debería preocuparnos, más que la estética, es la salud.

A todos nos gusta estar bien, pero creo que los cánones de belleza que se están imponiendo ahora están haciendo mucho daño.
No tienes más que ver a las actrices. Antiguamente tenían tallas reales, y cada una poseía una belleza singular.
Hoy en día las confundes, porque todas llevan el mismo pelo con ondas de plancha, y silicona en el cuerpo como para sellar todas las juntas de la casa. Además, sus tallas son de niñas de 14 años.
Son víctimas de la sociedad. Y si no pasan por esos cánones, no son contratadas.
Aunque, por otra parte, todos tenemos parte de culpa en este asunto.
Sin ir más lejos, el mundo de la moda impone un tipo de mujer irreal. Además de, en algunos casos, adefesio.
Algunos maniquies de las tiendas parecen haber salido de un concurso donde les han pedido a los estilistas el siguiente reto:
-«Tienes 30 segundos para vestir a este maniquí con los ojos vendados y usando la ropa de ese contenedor de basura»
Y las tallas grandes son las pequeñas de antes. No hay más que ver a algunas modelos y actrices que parecen salidas de un campo de concentración.
Pienso que antes era todo más real. Actrices como Marilyn Monroe, Elisabeth Taylor, o Rita Hayworth, exhibían cuerpos que, en el caso de la primera, no bajaban de una talla 44.

Pero hoy todo está retocado. Cuerpos perfectos a base de Photoshop y dietas imposibles de seguir para cualquier persona normal.

Lo que necesita un retoque es nuestra cabecita. No el melón que usamos para peinarnos, sino la materia gris que algunos no usan y se les llena de polvo.
No estoy diciendo para nada que no haya que cuidarse. «¡Ni mucho menos!».
Nuestro cuerpo es nuestra carrocería y hay que lucirla como si de un «Porche» se tratara.
Pero tanto la queremos «tunear» a veces, que algunas personas hasta pierden su aspecto y no se reconocen ante el espejo ni ellas mismas. El «Botox» les sale por las orejas.
Así que, yo digo:
-¡Cuídate!, ¡Haz ejercicio!, ¡Come bien! pero ¡DISFRUTA!, porque la vida son dos días y ya hemos perdido medio.
Hemos nacido como una «Edición limitada», no formes parte de la «Producción en serie».



Pues aquí tienes un adepto a la causa: “el fofisano“ ó “cuerpo Danone”: blanco, blandito y con tropezones.
Los extremos siempre fueron malos: ni buscar el cuerpo de Schwarzeneger en “Conan el bárbaro” ó Bárbara Rey en sus tiempos de “Reina” del escenario, ni tampoco la tonificación de “Pérez Gil”, el caracol de Barrio Sésamo.
¡Muy bueno!!!…….. en cuanto a lo del «cuerpo Danone»….. yo te veo más como el del anuncio de «Coca Cola Light», aquel en el que todas las chicas de la oficina se asomaban a la ventana a la hora del descanso……. y lo de ¡»Pérez Gil»!, ¡no me acordaba!, ¡qué memoria!