Creo que el mejor regalo físico que me pueden hacer es un buen libro. Con ellos uno logra vivir otras realidades y evadirse de este mundo.
Mi productora Roser Salvadó, http://://www.instagram.com/r.nemoris/ , me ha retratado muy bien en la ilustración, ya que los libros me han gustado incluso antes de saber leer. Veía los dibujos y esperaba a que alguien me los leyera.
Si no estaban dispuestos a hacerlo me salían frases del tipo:
-¡Qué pena no saber leer!
Y esto era mano de santo.
Mis ganas de aprender hicieron que pronto pudiera leer yo misma para zambullirme en nuevos mundos.

Ayer mismo, pasando por un centro comercial, recordé cuando iba con mis padres y mi hermano a hacer la compra del mes y siempre nos compraban un libro.
A mi hermano un tebeo de Mortadelo y Filemón y a mi un cuento.
¡Ay que ilusión!
Estaba loca por cenar y meterme en la cama para saborearlo de principio a fin.

Eran siempre cuentos de princesas, los clásicos, o a veces, historietas de Disney que me encantaban.
Recuerdo muy vívidamente una en la que Donald y Daisy se ponían a dieta y sólo podían comer lechuga.
¡Qué bien me lo pasaba con esas historias!
En la cama sólo estaba mi cuerpo, porque mi mente estaba dándole la mano a todos esos personajes que tanto me gustaban.
¡Cenicienta!, ¡este era uno de mis favoritos!. Lo leía en diferentes versiones una y otra vez.
También recuerdo el de El príncipe feliz, y el de La vendedora de cerillas.
¡Eran para mi cuentos maravillosos!.

Alguna vez también me metía en la cama de mi hermano y leíamos juntos su tebeo.
La verdad es que me aprovechaba mucho.
Recuerdo también una colección de Disney que desgraciadamente no sé dónde está.
Peter Pan, Mary Poppins, El libro de la selva…para mí estos eran los más preciados.
Lo mejor fue cuando me regalaron unos audio cuentos también de Disney que venían con un disco de vinilo y cada vez que se pasaba de página sonaban las campanas de Campanilla.

Seguramente estás pensando que todo esto que estoy escribiendo es muy infantil. En realidad no soy yo la que está al teclado sino mi niña interior, que a veces está muy latente en mi.
Pronto empecé a leer libros más largos.
Como «Jeruso quiere ser gente». Curiosamente cuando vivía en Madrid trabaje con el hijo de la autora. Casualidades de la vida.
No me ha importado leer otra vez estos libros de la infancia aunque hubiera crecido. Es que me hacían muy feliz.
También recuerdo dos libros: Cuentos de oriente y Cuentos del norte. Quizá los busco y rescato alguna historia.
No tenemos que avergonzarnos por leer de vez en cuando historias infantiles. Hay que nutrir a tu niño interior.
Yo hace tiempo que no leo nada de esto, pero lo recuerdo con mucha ilusión.
Incluso a veces me entretengo ojeando algún cuento en las librerías. Como he dicho antes, mi niña interior está muy latente en mi.

No hay nada mejor que un buen libro. Es una meditación muy especial, y muchas veces me da pena de que se acaben.
Otra cosa que me gusta recordar es el aroma a papel nuevo.
Cuando lo abría, olía su perfume como si de un manjar se tratase.
De hecho, es un manjar para mi mente y mi espíritu.
Y tengo que decir que uno de mis lugares favoritos para pasar el rato es una buena librería.

Aunque últimamente prefiero libros digitales porque me he vuelto muy minimalista y no me gusta tener los espacios abarrotados de cosas.
En un solo dispositivo puedes tener cientos de libros que irán contigo a todas partes.
Creo que si me gusta escribir es en parte porque adoro leer.
Y sé que esta pasión me acompañará toda la vida.
No veas tanto la televisión y coge un libro. Tu mente te lo agradecerá.






Qué buen artículo 👏👏👏👏👏👏
Cómo recuerdo aquellos momentos que pasaba en la cama cuando estaba malo y no iba al cole, leyendo aventuras de Mortadelo y Filemón.
La de risas que me echaba.
Gracias!! Yo también leía mucho cuando estaba mala 😊