Más cine por favor (Nostalgia tercera parte)

Tengo que confesarte algo: las películas de hoy en día no me motivan nada para ir al cine.

Ya no recuerdo la última vez que salí de una sala con esa sensación de haber estado en un lugar «mágico» o un «universo paralelo«.

Sí, soy muy fantasiosa. ¡Qué le voy a hacer!

Ahora, las películas son «superproducciones» multimillonarias, que en mi opinión no valen ni la mitad de lo que costaron.

También pienso que se ha perdido mucho talento entre los actores actuales. Por lo menos si hablamos de los que vemos en la pantalla, ya que estoy segura de que hay miles, mucho mejores, que están en la sombra.

La gran mayoría de los protagonistas de las películas actuales son personas de gran belleza (natural o a golpe de bisturí), que han tenido que trabajar duramente en cursos de perfeccionamiento actoral intensivo, (para esas escenas de tensión máxima), alguna frase compleja del estilo:

¡CORREEEEED!!!

Desde luego es para que se te pongan los pelos de punta.

Creo que la última vez que vi una película en el cine fue en Reyes y era la segunda parte de Mary Poppins.

Aunque no tiene nada que ver con la primera, estuve toda la película embobada con los ojos como platos y la boca abierta porque tengo un lado infantil muy presente.

Imagen de Alexas_Fotos en Pixabay 

Como dice mi marido: Soy un espectáculo.

Cuando era “más niña” ir al cine era algo que me hacía mucha ilusión.

Iba muy a menudo, con mis padres y mi hermano. Nos comprábamos palomitas y nos sentábamos ansiosos en la sala, repleta de gente, esperando a que empezara la película y protestando porque ponían demasiados trailers.

Era todo un acontecimiento. Además, nos poníamos morados a palomitas hasta que se nos arrugaban los labios.

Imagen de annca en Pixabay 

Después, cuando llegaba el fatídico momento en el que se acababa la cinta, salías de la sala, como si vinieses de otro mundo, tarareando la melodía principal de la banda sonora, que estaba interpretada por alguna orquesta sinfónica “Top”, y no por una mezcla de sonidos a golpe de “sintetizador”.

Hoy, en la mayoría de las películas, me paso el tiempo intentando ver la hora en la oscuridad (si he apagado el móvil), y estoy loca por irme antes de que acabe.

¿Y qué me decís de los “cines de verano”?

Cerca de mi casa había dos, y por la noche escuchábamos el ruido desde la cama.


Eran, normalmente, pantallas de cine que montaban en los campos de fútbol de barrio, en algún descampado, o cualquier plaza.

Imagen de rebel1965 en Pixabay 

Ponían dos películas. Y como empezaba a las diez de la noche, yo siempre acababa dormida porque no salías de allí hasta las dos de la madrugada, por lo menos.

En estos cines no sólo podías comprar palomitas. Encontrabas desde bocadillos hasta pinchitos morunos, pasando por todo tipo de chucherías.

Y no importaba si ya habías cenado, salir nos daba hambre.
Pero la mayoría de las veces te llevabas la comida de casa.

Bocadillos de «medio metro» con salchichón, chorizo, y, bien untados de mantequilla, como a mi me gustaban.

Tampoco podías olvidarte de la “rebeca”, porque a las doce empezaba a hacer fresquito. (Sobre todo para mi que soy muy friolera.)

Imagen de rebel1965 en Pixabay 

La «parte negativa» eran esas sillas que te dejaban cuadrada la parte donde la espalda pierde su nombre. Y ¡Ay! ¡Como tuvieras la mala suerte de sentarte detrás de un «cabezón», o, ¡peor aún!, «cabezona» con melena de león recién levantado. Te pasabas la noche como un péndulo buscando un huequito para poder ver. Pero de todas formas, nos lo pasábamos bien.

Sobre todo con los comentarios durante la película:

-¡Corre, que te van a pillar! ¡Pero será tonto!

– ¡Ya verás!, ¡De María no van a encontrar ni las tripas!

O cuando se ajusticiaba al «malo»:

-¡Ahí! ¡Toma! ¡Te está bien!

Y todos aplaudíamos cuando ganaba «el bueno».

Y lo vivíamos como algo especial porque éramos felices disfrutando de las pequeñas cosas.

Hace poco volví a ir a un cine de verano. Esta vez era en una playa. Sin sillas. Y sólo ponían una película.

Para mí, ya no es lo mismo.

¿O soy yo la que he cambiado?

No me importa, sigo disfrutando cuando recuerdo esos tiempos.

Tiempos que nunca volverán a ser lo que fueron.

2 comentarios en “Más cine por favor (Nostalgia tercera parte)”

  1. Juan Jesús Navarro Lara

    Grandes verdades y grandes recuerdos.
    Yo creo que la imaginación surge de dos factores: del aburrimiento ó de la necesidad de encontrar una solución.

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