LA PRINCESA QUE NO SABÍA CÓMO GESTIONAR SU REINO

Hoy te quiero hablar de esa palabra tan incómoda que escuchamos a menudo: crisis.

La vivimos como un verdadero fracaso y fuente de múltiples sufrimientos.

Como siempre, el sufrimiento viene de esa resistencia al cambio, pero es humano sentirlo así y si naciéramos con todo sabido la vida sería un poco aburrida.

Todos pasamos por crisis durante nuestra existencia. No podemos vivir en un eterno verano ni helarnos de por vida porque adoramos la nieve del invierno.

La vida es cambio.

Ni siquiera podemos saber qué vamos a hacer con certeza en el futuro porque la persona que eres hoy dista mucho de la que serás dentro de unos años.

Puede que hoy seas carpintero pero mañana quieras ser arquitecto, y ¡estará bien! ….. solo que tendrás que pagar un precio: el dolor de la transformación, cuanto más te resistas a él, más sufrirás.

Seguro que has oído hablar de «La noche oscura del alma», ese período en que todo se ve negro y sin sentido, pero, como dije en mi anterior post (puedes leerlo aquí ), no hay luz sin oscuridad.

Si eres capaz de trascender esa oscura noche la luz será tan cegadora que iluminará todo lo que hay a tu alrededor.

Al final, todo se trata de escucharse y conocerse,…. ¡casi nada!.

Un día quise escribir un poco sobre esto en forma de cuento infantil para niños de 0 a 150 años.

Refleja un período de mi vida en el que sufrí una «noche oscura del alma» muy larga y tortuosa.

Así que te dejo con la historia y me despido de ti hasta el próximo post.


LA PRINCESA QUE NO SABÍA COMO GESTIONAR SU REINO.

Érase una vez una princesa muy alegre que había nacido en un reino de fantasía. Estaba lleno de bosques verdes y frondosos y repleto de animales que corrían libres entre los árboles.

Todo estaba al alcance de la princesa pero ella no se sentía feliz porque quería algo más.

El problema es que no sabía lo que quería.

Toda su vida había reinado ese lugar tan hermoso y pensaba que era lo único que sabía y podía hacer.

¡Tú has nacido para ser princesa y para gobernar este reino de fantasía, eso que haces ahora es tu esencia!, le decían todos los que la conocían, pero ella no era feliz siendo princesa.

Cuando era pequeña soñaba con ello. Quería ser admirada en su trono y agradar a todos los súbditos. Se aferró a ello y lo consiguió.

Pero la princesa no era feliz siendo princesa.

Ella no lo sabía, sólo lo intuía, lo que pasa es que era lo que había hecho toda la vida y era lo único que conocía.

Un día gris, debido a una revuelta en el reino, perdió su trono. Ella quería seguir siendo princesa pero ya no tenía reino que gobernar.

¡Buscaría otros reinos que la aceptasen!, se decía a sí misma….. el problema es que había ya muchas princesas luchando por el trono y no la aceptaron.

Su vida comenzó a desmoronarse, y aquello que tanto había amado hacer empezó a incomodarla.

¿Querré ser princesa?, siempre me han dicho que he nacido para ello pero ¡ya no quiero reinar!, ¡no me hace feliz!….quizá esa felicidad ha sido una ilusión.

Pero aquí empezó el calvario.

Todos los días hablaba con su Consejera Real y le decía:

¡Quiero ser panadera! ¡voy a aprender a hacer pan y seré feliz en mi panadería!…..

Desgraciadamente, pasados unos días, perdía la ilusión y volvía a desesperarse.

-¡No!, volvía a contarle a su consejera, –¡yo he nacido princesa y eso debo ser!….pero no me apetece reinar...

La princesa volvía a derrumbarse y se sentía dentro de un laberinto del que no sabía salir.

Lo quiero ya!, gritaba su mente acostumbrada a tenerlo todo en el momento.

No puedes tenerlo todo ahora, debes darle tiempo al tiempo, le decía su conciencia.

Volvía a desanimarse, pero a la mañana siguiente volvía a llamar a su sufrida consejera:

¡Tengo una idea! ¡Voy a ser jardinera!…¿hay algo más bonito que cuidar de las flores?….pero ¡nunca he plantado ni un geranio!… ¿cómo me voy a distinguir entre las demás personas?

Las dudas no dejaban vivir a la princesa.

Y así pasaron los años y la princesa no tenía ni reino ni trono.

Su cabello era cada vez más gris y sus ojos iban perdiendo su brillo.

Hasta que un día se dio cuenta de que su reino estaba dentro de su corazón esperando a que fuera ella misma quien ocupase ese trono vacío.

Había encontrado por fin su propósito: conquistarse a sí misma y gobernarse día a día sin importarle que reinos hubiera a su alrededor.

Porque el reino más grande está en tu interior y nunca es tarde para conquistarlo.

Así que, como la princesa, lucha por gobernarte a ti mismo, nadie podrá ocupar ese reino, y de ahí llegará tu verdadera felicidad.

Foto de Monstera en Pexels

4 comentarios en “LA PRINCESA QUE NO SABÍA CÓMO GESTIONAR SU REINO”

  1. Juan Jesús Navarro Lara

    Muy buen artículo y muy revelador.
    Para mí, el reto más difícil es esbozar cada día una sonrisa (al menos), sean cuales fuesen las circunstancias que nos rodeen durante el día.
    Enhorabuena y a por el siguiente artículo.

    1. Gracias a ti siempre por leer mis post. Estoy segura de que si te paras y miras a tu alrededor hay más de una cosa por la que puedes sonreír. Pero normalmente no son los ojos los que ven, para encontrar algo nuevo siempre hay que cambiar el proyector (nuestra mente) en vez de la pantalla (la realidad que vemos). Gracias de nuevo por estar siempre ahí.

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