Hoy cerramos el mes con otro post sobre mi vida, esta vez sobre un viaje que hice a Verona.
Por aquel entonces yo seguía viviendo en Madrid y estaba en una época en la que tenía ganas de hacer audiciones.
Tengo una amiga, Susana Santiago, que actualmente vive en Venecia y es Mezzosoprano, y fue la que me animó a que viajásemos juntas a Verona para hacer una audición.
A mí, como me encanta viajar y nunca había estado en Italia, me pareció una idea estupenda. Además, Susana es una gran amiga y nos reímos muchísimo cuando estamos juntas. Espero que pase pronto esta pandemia y podamos vernos de nuevo para recordar viejos tiempos.
Bueno, el caso es que hicimos la maleta, pusimos rumbo a Verona y, como nos fuimos de madrugada, llegamos a primera hora a la ciudad de Romeo y Julieta.
Nos alojamos en un hotel de las afueras, que, si te digo la verdad, ni me acuerdo de cómo era.
Pero aquí te dejo una foto de las vistas desde la habitación.

Mi amiga se partía de risa conmigo, yo por aquel entonces sabia sólo el italiano que había escuchado en las óperas, así que nada más llegar al hall del hotel dije:
-¡Mira!, ¡Tienen un piano!.
Había leído un cartel que ponía «primo piano», lo que no sabía es que significaba «primera planta».
En mis sucesivos viajes a Italia me pasaron varias cosas de este estilo hasta que empecé a hablar el idioma un poco mejor.
Pero volvamos a nuestro viaje.
Cuando descansamos un poco, bajamos a recepción para que nos recomendasen un buen restaurante. El elegido fue «Ristorante Giulietta».
Nos encantó. Era acogedor, precioso y se comía de maravilla. Me acuerdo que pedí una ensalada y pasta al «Ragú».
Susana me hizo una foto con mi ensalada y mis ojeras de haber dormido poco.

Por cierto, la mozzarella estaba espectacular.
Tengo que decir que antes de comer hicimos un poco de turismo en el casco antiguo de Verona.

A mí la ciudad me pareció preciosa. Y la pena es que no soy nada buena haciendo fotos, así que sólo he podido rescatar unas pocas.

Como cantantes que somos, naturalmente lo primero que fuimos a ver fue la «Arena di Verona», donde curiosamente se ensayaba «Turandot» de Puccini, una de mis ópera favoritas.

Nos pusimos en la plaza a hacernos fotos y a «hacer como si cantásemos». Yo abría la boca como si quisiera comerme un bocadillo de tres pisos.
Después de comer empezó a llover un poco pero nosotras seguimos con nuestra visita turística por Verona.
Cualquier sitio nos parecía bonito para inmortalizar el momento.

Llegamos al río Adigio y allí nos hicimos más y más fotos.



No me acuerdo si fue antes o después de comer que llegamos a la Piazza del Erbe donde había un mercadillo.

Yo me lo estaba pasando en grande. Y me reía de lo lindo con mi amiga Susana.

Cerca de la plaza nos encontramos con el Palazzo della Ragione, al que entramos. Y allí me hice algunas fotos de las que se suelen hacer las «sopranos».

Y, como siempre, hice nuevos amigos peludos.

Y también aproveché para hacerme fotos con «celebridades».

Finalmente llegó el momento más esperado para mí. No, si piensas que lo que ansiaba hacer en Verona era la audición te equivocas. ¡Yo quería ver La casa de Julieta!. Mi amiga Susana, que es más práctica que yo, no quería entrar porque evidentemente era un sacacuartos para turistas. Pero yo me moría por visitar el lugar y como Susana me quiere mucho me dio el gusto y tuvo la paciencia de hacerme todas las fotos que quise.
La primera y obligada junto a la estatua de Julieta. En Verona existe la costumbre de retratarse tocando un pecho de la joven amante, pero a mi aquello me parecía una ordinariez y no quise sobar más el tema.

Una vez dentro, comprobamos que, como me había prevenido Susana, no había mucho que ver, pero yo es que me emociono con poca cosa.
Vimos algunos trajes que se habían utilizado en la película de Zefirelli y la supuesta cama de Julieta, que también se utilizó en dicha película.

Yo creo que en esta cama tendría un poco de dolor de espalda la pobre Julieta, no tenía aspecto de ser muy cómoda.

Y llegó el momento en el que tocaba la típica foto en el balcón del amor. Y ahí que se fue al patio mi querida y paciente amiga Susana, que tiene el cielo ganado, a esperar a que me tocara el turno porque había cola, y a hacerme la foto.

Estuvimos en la casa hasta que se hizo de noche. Yo aproveché para comprarme una lámina que tengo puesta en mi dormitorio.
Las fotos de la entrada las hice de noche. Así que están de «aquella manera».
Si has visto la película «Cartas a Julieta» sabrás que es la costumbre dejar mensajes de amor en la pared. A mi esto me parece horroroso. Pero es la costumbre y no hay más que hablar.

Ya en la salida le pedimos a no me acuerdo quién que nos hiciera una foto. Como puedes ver, a la verja no le queda ni un espacio para los mensajes.


Después de todo un día de turismo por Verona nos entro hambre. Y nos apeteció pizza.
Entramos a una tienda dónde Susana había visto un souvenir y aprovechamos para preguntarle a la dueña, que era una señora mayor entrañable, si sabía un lugar bueno para comer una auténtica pizza italiana.
–¡Sí!, nos respondió la amable mujer un italiano. –¡Mi hija suele ir los viernes allí a comer pizza con su hermana!
-Aquí se produjo una situación muy cómica. Salió la hija, la que iba los viernes con su hermana a engullir pizza como si no hubiera un mañana, y le dijo a la madre: –¿Cuándo he ido yo con mi hermana a comer pizza?, todo esto adornado con las famosas gesticulaciones italianas.
En ese momento no pude aguantar más la risa y dejando a mi amiga ante el peligro salí a la calle a desahogarme riendo a carcajadas. ¡Qué pena no haber podido inmortalizar el momento en vídeo!
Después de aquello llegamos al famoso restaurante y el camarero fue muy simpático. Comenzó bromeando con nosotras diciéndonos que no había mesa para dos españolas. Después, al decirle que no quería beber la cerveza con alcohol me preguntó: –¿Estás mala?, aquello me hizo mucha gracia.
Nos tomamos una pizza espectacular y volvimos en taxi al hotel. Al día siguiente teníamos que dar el «do de pecho».
Cuando nos despertamos no estábamos tan contentas como el día anterior. Los nervios nos pasaban factura. Aunque recuerdo que nos hinchamos de reír en el desayuno por no me acuerdo qué.
La audición era a primera hora de la tarde, así que decidimos comer en el casco antiguo cerca de la prueba.
La comida ya no nos supo igual. La pasta estaba demasiado al dente y nuestro estómago demasiado nervioso.
Llegamos al lugar de la audición y no tuvimos que esperar mucho para cantar. Entonces la realidad me golpeó. No había terminado de cantar la primera frase cuando, de muy malas maneras, golpearon con un lápiz en la mesa para que dejara de cantar. No entendía nada, ni siquiera me dejaron terminar el aria.
Salí de allí y me fui al baño a llorar que es lo mío. Un chico que me escuchó me llamó y me dijo: –Non piangere.
Él y un amigo habían ido a la audición y me contaron algo sobre la agencia que me hizo sentirme mejor.
Les dijeron que no querían saber nada con los extranjeros. El caso es que mi dinero sí lo quisieron, la audición había que pagarla. Me imagino que como el dinero es universal se llevaban mejor con él.
Bueno, pues nos fuimos de allí a tomar un café con estos chicos que bautizamos como «Los Romeos».
Nos recomendaron a su maestro, que vivía en las afuera de Milán, y ahí comenzaron mis viajes relámpago a Italia para estudiar y mejorar mi técnica.
Después de despedirnos nos dimos un paseo por las calles de Verona que todavía no habíamos visto.
Me hubiera gustado visitar la casa de Romeo, pero pensé: – Si a Julieta hay que tocarle el pecho, ¿qué le tendré que tocar a Romeo?.…. el caso es que ya estábamos muy cansadas y al día siguiente volvíamos a España.
Fue un viaje que no olvidaré nunca. Y seguro que Susana tampoco.
Pero nos divertimos y eso es lo que cuenta porque «vivir bien siempre merece la pena».
Te deseo un buen fin de semana.



Una historia muy bonita 😍😍😍
Sales muy guapa en las fotos 😍😍😍
Enhorabuena por contar tan bien tus vivencias 👏👏👏👏👏👏👏👏
Seguro que próximo artículo será igual de interesante, ó más si cabe.
😘😘😘😘😘
¡Muchas gracias! ¡Me alegro mucho de que te gusten mis historias! ¡Espero que creemos muchas más juntos!