Me muero por tus huesos

He decidido, de momento, comenzar los lunes con una buena receta. No sólo para el cuerpo, sino también para la mente y el alma.

Y es que si te fijas, todo en la vida está escrito en forma de recetas.

Por un lado tenemos los ingredientes, que pueden ser tanto físicos (alimentos, herramientas…), como no tan físicos (cualidades, valores, habilidades…).

Y por otro lado está la preparación, es decir, la acción necesaria para que esa receta se lleve a cabo.

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Esto último es lo que nos suele dar más pereza, pero sin ello no habrá recompensa, es decir, no podremos disfrutar del riquísimo plato ó del logro por nuestro esfuerzo.

¿Y por qué te digo esto? Porque si hablo de recetas todos los lunes no quiero que te sorprendas cuando escriba sobre conseguir metas, o planificar…

No todas las recetas se comen…..

Bueno, aclarado lo anterior, te presento la receta de hoy:

EL CALDO DE HUESOS

Imagen de RitaE en Pixabay 

Sí, suena un poco macabro pero te aseguro que es lo mejor que le puedes dar a tu cuerpo.

Si quieres, puedo contarte un poco de mi historia con la digestión.

Todo me caía fatal. Fin de la historia.

Seguramente se ha debido a que soy una persona un poco nerviosa, pero de esas que llevan la procesión por dentro.

También he hecho muchas burradas con mi intestino.

Mi pasión por los animales me llevó a ser crudivegana y este tipo de alimentación no le hacía nada bien a mi cuerpo. Hasta el punto de que estuve más allá que acá.

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Verduras crudas a toneladas, cero proteinas, cero grasas.

Aunque tengo mi propio criterio sobre la alimentación, no me voy a poner a dar recomendaciones porque ni soy nutricionista ni médico. Pero te animo a que investigues porque hay estudios científicos que echan por tierra todo lo que nos han contado sobre lo que tenemos que comer. Estudios que nunca verás en los medios de comunicación porque no interesan a la industria alimentaria y mucho menos a la farmacéutica.

El caso es que cuando mi cuerpo me alertó de que debía hacer algo para no ver la luz al final del túnel me puse manos a la obra para devolverle la salud a mi desmejorada figura.

Lo primero que tenía que hacer era reparar el intestino.

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Sí, el intestino es una parte muy importante para tu salud. De hecho se le llama «el segundo cerebro», ya que en su interior podemos encontrar 200 millones de neuronas.

Curioso, ¿verdad?

Este tubo de entre 5 y 7 metros es pieza clave en el sistema inmunitario.

O sea, si está dañado tus defensas se verán muy mermadas.

Y yo no lo tenía muy sano. Había que hacer algo.

Descubrí, leyendo y leyendo, que el colágeno es uno de los principales componentes de nuestros tejidos y que si quería mejorar debería añadir más a mi alimentación. (Podría decir «dieta» pero me resulta una palabra muy relacionada con «régimen de adelgazamiento» y no me gusta).

Bueno, más que añadir, sería más bien ayudar a que mi cuerpo lo generase. Como he dicho antes, no soy médico ni nutricionista y no quiero enredarme en conceptos de los que no estoy segura.

De lo único que me guío es de lo que le sienta bien a mi cuerpo. Digan lo que digan los expertos.

Imagen de Couleur en Pixabay 

Navegando y navegando por la red, leyendo y leyendo, encontré la receta que, como se decía antiguamente, resucitaba a los muertos: el caldo de huesos.

Esto, desde luego, no era ningún misterio ni descubrimiento, era la receta de nuestras abuelas, esos calditos que daban a los enfermos para curarse o a las mujeres que acababan de dar a luz para reponerse.

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Ollas a fuego lento donde se iban deshaciendo lentamente los huesos de vaca, cerdo o pollo e impregnando el caldo de nutrientes valiosísimos para el cuerpo.

Imagen de RitaE en Pixabay 

Caldos llenos de colágeno que obran milagros en nuestro sistema digestivo.

A no ser que tengas una olla lenta o «Crock pot» hoy en día no tenemos ni el tiempo ni la paciencia para esperar horas y horas a que esté hecho nuestro preciado caldito.

Si quieres hacerlo rápido puedes emplear una olla a presión.

La verdad es que yo nunca la había usado para hacer este brebaje pero hace poco vi un vídeo en Youtube donde se explicaba que podía estar listo en 90 minutos, además de darte algunos truquitos curiosos.

El primer truco era echarle al agua un poco de vinagre de sidra de manzana, sin pasteurizar, (lo podéis encontrar en tiendas de productos naturales). Esto hace que se extraigan más minerales del hueso. Lo bueno es que no altera el sabor del caldo.

Imagen de Mike Goad en Pixabay

Otro dato que me pareció bastante gracioso fue añadirle cáscaras de huevo.

Sí, has leído bien, cascarás de huevo. Estas están llenas de calcio y esto enriquecerá aún más la receta.

En realidad no me sorprendí tanto con echar la cáscara de un huevo a la comida, ya que tiempo atrás había visto a Arnold Schwarzenegger hacer un batido en el que echaba huevos enteros en la procesadora.

Hay que subrayar que las cáscaras deben lavarse muy bien, pero esto no hace falta que lo diga.

Tengo que confesarte que yo todavía no lo he probado pero lo haré. En otra entrada te contaré otras cosas sorprendentes que podemos hacer con las cáscaras de huevo.

Recapitulando, a la olla añadiríamos:

Huesos (Kilo y medio aproximadamente y de preferencia frescos)

Vinagre de sidra de manzana (Entre una cucharada y media taza)

Verdura (opcional)

Cáscaras de huevo (opcional)

Sal (sin refinar y sin pasarse)

– Agua suficiente para cubrirlo todo

Se me olvidaba decir que puedes usar los restos de huesos de tus comidas, aunque esto te parezca asqueroso. Prueba aprovechar la carcasa del pollo asado o los huesos de las costillas al horno.

También puedes echarle manitas de cerdo y patitas de pollo.

Lo pones todo en una olla a presión y a cocer 90 minutos.

Cuando esté frío puedes quitarle la grasa que se forma por encima, aunque si te la tomas no va a pasar nada, no temas que no te van a explotar las arterias.

Si los huesos tienen carne se la puedes quitar y usarla para hacer ensaladas, sandwiches… y con la grasa sobrante puedes elaborar una salsa para la carne si le añades una yema de huevo y lo bates bien.

Imagen de Michael Moriarty en Pixabay 

Este caldo es muy bueno si lo tomas antes de las comidas, o si no tienes hambre o estás enfermo puedes tomar sólo esto. Tu cuerpo te lo agradecerá.

Lo puedes tomar si estás haciendo ayuno intermitente, te sentará de maravilla.

Yo lo he probado y me ha funcionado muy bien . Así que te lo recomiendo de verdad.

Ya me contarás.

2 comentarios en “Me muero por tus huesos”

  1. Juan Jesús Navarro Lara

    Doy fe de lo buenos que salen tus caldos 😋😋😋😋😋😋
    Qué pena que los “huesitos” no sean tan saludables como los huesos en el caldo 😬😬😬

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