Ya estamos casi a mediados de Octubre. Parece que fue ayer cuando volvíamos a comenzar un nuevo curso y ya llevamos mes y medio.
Afortunadamente para mí, ya no hace tanto calor y podemos pasar más tiempo disfrutando de otro tipo de calor, el del hogar.
Me encantaría ser como un oso y pasarme largas temporadas en mi madriguera, escribiendo, leyendo y comiendo cosas ricas.
Los animales sí que saben.

Ya lo he dicho muchas veces, soy muy casera, incluso a veces me siento un poco antisocial, sobre todo si estoy en una reunión con mucha gente.
Depende del momento, en ocasiones me siento incómoda en un ambiente donde todos quieren hablar a la vez y en voz alta. Aunque seguramente yo también habré hablado demasiado en más de una ocasión y con toda mi capacidad pulmonar.
«Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra».
Pero estoy aprendiendo a escuchar más y hablar menos. Los que me conocen seguro que se están riendo porque soy muy habladora.
Pues ahí está mi mérito, me estoy enmendando.
Pero me estoy desviando mucho del tema, eso nos pasa a los que solemos hablar demasiado.
Hoy quería hablarte de cómo podemos vivir más y mejor con menos cosas.
Esto no quiere decir conformarse con lo peor, o con lo más barato, sino tener sólo lo que vas a utilizar y no acumular de más.
Hace unos años, cuando vivía sola, tenía demasiadas cosas.
Libros amontonados que no leía, fotocopias de partituras repetidas, ropa que no me gustaba y no me ponía, papeles de todo tipo, aparatos que no funcionaban y que me daba pena tirar, figuritas que me habían regalado, fotos en las que me veía horrenda o me recordaban malos momentos, productos de cosmética que se quedaban colgados porque no me servían, peluches que me daban alergia, y pensamientos inservibles ocupando mucho espacio en mi mente.
Esto, aunque no lo creas, agota.
Una vez leí en un libro que cuando ordenas tu entorno y te deshaces de lo que no te sirve se produce en tu mente el mismo efecto que cuando dejas de escuchar un ruido muy molesto.
Cuando acumulamos y acumulamos sin cesar cosas que no utilizamos inconscientemente estamos queriendo tapar un vacío interior que no lo va a llenar nada material.
Normalmente nos quejamos de vivir en casa pequeñas, pero la realidad es que tenemos demasiadas cosas.

En mi caso, seguramente quería llenar el vacío de la soledad.
Qué, por otra parte, era enteramente mi responsabilidad, ya que a veces no me apetecía ver a nadie y me aislaba días y días en mi casa.
Si ahora soy impulsiva para comprar, antes lo era muchísimo más, y si quería adquirir algo en fin de semana me moría de la impaciencia hasta que llegaba el lunes.
Pero como ya he dicho en otras ocasiones, la vida es un constante aprendizaje y tengo toda la voluntad para cambiar.
Y desde esos años hasta ahora he cambiado muchísimo.
Me he vuelto un poco más minimalista en mi manera de vivir.
Intento simplificar al máximo y eso me da mucha paz y tranquilidad.
Cada día me gusta menos acumular cosas.
He dejado de comprar libros en papel y ahora los tengo en mi libro electrónico y en mi tablet.
Hace tiempo que no compro cremas,(a excepción de los protectores solares en verano, maquillaje minimalista, champú, acondicionador y mascarilla), sólo uso aceite de coco y aloe vera, te lo cuento aquí.
Excepto los libros que tengo de partituras, he tirado la mayoría de las fotocopias y tengo las obras que necesito cuando tengo que cantar en mi tablet.
Doné toda la ropa que ya no me valía, no me gustaba o no me la iba a poner.
Sólo compro la ropa que me voy a poner, tengo suficientes vestidos para los conciertos, y si necesito algo muy especial para algún evento se que hay sitios donde puedes alquilar ropa preciosa para esos momentos, como por ejemplo las bodas.

Los aparatos electrónicos que ya no funcionan van al punto limpio, así como los cables, adaptadores, y todas esas cosas que vamos acumulando y nos convencemos de que todavía funcionan.
Las figuritas que me regalan pero que no me gustan o me ocupan demasiado espacio acaban en el trastero, así que si me quieres comprar algo, por favor, que no sea una figurita.
Las fotos donde me veo fea, estoy con personas que ya no están en mi vida ni quiero que estén, o que me recuerdan dramas existenciales de mi pasado han ido directamente a la papelera reducidas a trocitos diminutos.
También doné mi colección de peluches que tanto polvo acumulaban, ahora tengo uno solo, más grande y que bebe los vientos por su «mami».

Lo de eliminar los pensamientos inservibles es más difícil, pero de vez en cuando escribo todo lo que me viene a la cabeza, rompo el papel y lo llevo a reciclar cuando saco a pasear al peluche.
Y así, simplificando mi vida, y teniendo menos, vivo más.
Pruébalo y me cuentas como te sientes después.
Feliz comienzo de semana.





Muy inteligente el propósito de no acumular cosas.
Mis padres eran sabios en ese aspecto. Recuerdo cada verano cuando nos decían: “si no os encargáis de vaciar los armarios de lo que no usáis , ya me encargo yo de tirar cosas sin miramiento “. Era mano de santo 😂😂😂😂😂
Deberíamos pensar como los playmobil y usar la misma ropa todos los días 😂😂😂😂
Enhorabuena por el artículo .
Muy buenas reflexiones y muy buen redactado 👏👏👏👏👏👏👏👏
¡Me ha encantado lo de los Playmobil! Un traje para todos los días y ¡solucionado!